También propio de la Edad Media, las uñas de gato era unas púas de hierro retorcidas en forma de garra y unidas en una única pieza que se solían enganchar a un mango largo (de forma similar a un rastrillo) y se usaban para desgarrar la piel de los prisioneros. Las uñas de gato eran utilizadas sobre todo en la espalda y el pecho, donde dejaban grandes surcos y provocaban mucho dolor a los prisioneros.
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