De origen alemán, esta imponente y aterradora escultura de hierro funcionaba como un ataúd para los vivos. El prisionero era encerrado en su interior y, además de la incomodidad por la escasez de espacio y la ansiedad que debía causar estar ahí metido, la Doncella de Hierro contaba con una serie de púas metálicas que se clavaban en el reo sin matarlo pero causándole muchísimo dolor.
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