Este método de tortura es uno de los más curiosos y, por lo que se sabe, también de los más efectivos. El reo era tumbado boca arriba e inmovilizado de pies y manos, sobre su cabeza se colocaba un gran caldero lleno de agua helada que vertía una gota sobre su frente en un intervalo regular. Aunque este tipo de tortura parece relativamente suave en comparación, el paso del tiempo acrecentaba sus efectos: el agua helada acababa por quemar la piel y el goteo constante impedía al prisionero dormir o distraerse (tortura psicológica).
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