El nombre lo dice todo. Esta técnica comenzaba con el reo atado boca abajo, suspendido en el aire y con las piernas separadas, y consistía en emplear una sierra de gran tamaño (similar a las sierras madereras que se usan para cortar árboles) en la víctima, cortándolo por la mitad hasta llegar al ombligo o al pecho, dependiendo del caso. La posición invertida hacía que la sangre pudiera regar el cerebro y que la víctima siguiera consciente y padeciendo un dolor inimaginable.
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