Se trata de una pieza sencilla, de hierro e inofensiva en su apariencia. La cigüeña era una especie de horquilla metálica con la que se inmovilizaba al reo colocándolo en una posición en la que estaba tumbado, con el cuello erguido hacia su propio cuerpo, las manos juntas y las rodillas dobladas con los pies juntos. El permanecer en esta postura de forma prolongada hacía que el prisionero sufriera calambres en todo el cuerpo (especialmente en zonas abdominales, pectorales y rectales) que se iban intensificando y haciendo permanentes cuanto más tiempo pasaba hasta el punto de volverse insoportables. Esto, por supuesto, solía venir complementado con algún castigo físico como golpes o quemaduras.
No hay comentarios:
Publicar un comentario