No debemos olvidar que la tortura no solo se manifiesta en las marcas y heridas que se vean en el cuerpo, sino también en los daños que pueden provocar a la mente de la víctima. La tortura psicológica ha demostrado ser tan efectiva y temible como la física y es por eso que se ha ido popularizando y su uso está muy generalizado. Algunos métodos de tortura psicológica podrían ser la privación forzada de sueño por periodos muy largos (más de una semana), el aislamiento, el suministro de sustancias alucinógenas o que alteren la conciencia, despreciar las creencias y moralidad del prisionero, mostrar el sufrimiento ajeno (incluso de familiares y conocidos) o la amenaza permanente de asesinarlo.
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